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Un clic de dos horas!

Ciber café a las afueras de Bignona, Senegal. Difíciles condiciones de trabajo

Lo que nosotros hacemos en un clic, en África no es tan fácil. Dos horas, es el tiempo que hemos necesitado para intentar colgar este post desde Senegal. Encontrar wi-fi, señal abierta y gratuita de Internet, no es fácil y hacerlo con una conexión estable, tampoco. Nos dicen que en Bayla, dirección al norte de Senegal, quizás tendremos suerte. Dejamos Caparan, en coche, y nos desplazamos a unos 5 kilómetros. Nos detenemos en una casa perdida y aislada en la oscuridad africana, con dos gigantes antenas parabólicas, que nos abren una ventana de esperanza. Leity, nuestro intérprete caparanés, nos acompaña y nos facilita las explicaciones gracias al “djola”, la lengua nativa que se habla en la zona. Mientras terminamos de escribir las últimas líneas de esta crónica, sentados en el suelo con nuestro Mac Book, intentamos establecer la conexión. Llega, sin embargo, es deficiente y no permite la publicación. No nos damos por vencidos. El trabajo está hecho y es sólo cuestión de encontrar la conexión y hacer un clic. 2 segundos, 3 segundos… Nosotros ya hemos destinado una hora.

Bignona es la tercera ciudad más poblada de Senegal. Está a unos 20 kilómetros de donde nos encontramos, en dirección al sur. Queremos probarlo. Nos resistimos a ser vencidos, inconscientes de que la dificultad de hacer un clic de este tipo, en esta zona de África, se pueda convertir en una acción insalvable. La carretera asfaltada, es un símbolo de vida. Los coches, las personas, las bicicletas y los animales la ocupan sin miramientos. Aunque los vehículos tienen la prioridad, la convivencia no es ningún problema. El sonido de un claxon avisa que alguien se acerca y que alguien ha de apartarse.

El tráfico diario por esta vía vertebradora del país queda reducido a la mínima expresión cuando anochece. No suena ningún claxon, pero un stop y cuatro neumáticos de camión en medio de la calzada nos indican que la parada es obligatoria. La policía y los militares, armados con ametralladoras de gran tamaño, no permiten la circulación de vehículos. Se nos explica que los controles son necesarios y tienen una doble finalidad: la seguridad de los turistas y el seguimiento de los cárteles de la droga, que están instalados en Guinea Bissau.

Necesitamos una salida de emergencia si no queremos retroceder. Consensuamos que una causa de fuerza mayor será más creíble. Necesitamos medicamentos para un compañero enfermo. Esta es nuestra estrategia que, ahora, debemos trasladar a los hombres armados. Los amigos caparanenses que nos acompañan, dejan la furgoneta y a nosotros, también. Bajan y no regresan en casi media hora. Una linterna se acerca. El diálogo ha sido productivo, pero sólo nos concede una moratoria pactada, de una hora. El control queda atrás.

Llegamos a Bignona. Wi-fi o cable!, nos preguntan a la entrada de un locutorio de 10 metros cuadrados. Ya lo tenemos. Pensamos. Conectamos nuestros dispositivos móviles y también el Mac. Toma la conexión, aunque le cuesta. Intentamos abrir el navegador de Google. Una acción que en casa hacemos cien veces diariamente, sin pensarlo. Después de unos minutos, conseguimos descargar la página de inicio. Enviar nuestro post con tres fotografías, será imposible. No pasamos de algunas notas por Facebook, y un correo electrónico compartido para las 3 familias.

Un clic de dos horas. Los medios son la diferencia entre el primer y el tercer mundo.

Equipo Quim Fàbregas (EQF)

Cap Skirring. 14 de noviembre de 2013

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