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Reflexiones de Caparan by Núria

nuria-caparanHace escasos días que volví de Caparán pero me resisto a levantarme de mi lugar de observación.

Todavía permanezco sentada a los pies del árbol centinela que guarda la casa.
Sigo en silencio y escucho. Observo.

El sol rompe la noche y los gallos cantan su bienvenida. Las primeras risas pueriles inundan la casa. Hay trajín de mujeres. Los jembés retumban y el pan se cuece.

Quim lee y espera a que nos levantemos. Laïty habla con su madre y Lamin los observa mientras se pregunta dónde nos acompañará hoy… ¿Quizá al huerto de las mujeres? ¿O a los campos de anacardos? ¿Posiblemente a la escuela de fútbol? ¿O quizá al dispensario que ya está bastante bien?
Me desperezo y le doy los buenos días a Rosa y Mireia, mis compañeras de habitación, que siguen remoloneando mientras esperan a que Quim las despierte a ritmo de Txarango o Bongo Botrako.
El pan recién horneado y el café nos espera en la mesa.
Hoy como cada día es especial, es un canto a las pequeñas grandes cosas. Es un aquí y ahora. Una mente en blanco y un corazón abierto. Un hogar. Un abrigo. Estoy alegre, sonrío y doy gracias a la vida.
A lo lejos veo llegar a mi sabio favorito, Moussa.
- Kasumay- me dice.
- Kasumay Kep- le contesto.
- ¿Katy bo?- dice Moussa.
- Koku bo!
Nos miramos y me da su mano segura, arrugada y fuerte. Sus ojos profundos me sonríen y en un estrenado español me dice: “Núria, gracias por venir a Caparán”.
Sé que cuando vuelva lo echaré de menos. Me gusta conversar con él y me transmite una energía especial.
Una mano me acaricia y me vuelve a la realidad. La pequeña Awasane me pide atención. La cojo en brazos y la inundo a besos. Sus ojos pillos relampaguean y su boca suena a carcajadas.
Nos vestimos y nos lanzamos a la aventura. Rosa, Montse, Mireia, Susanna y yo somos los Goonies de Caparán, dispuestas a conocer sus tesoros, sus proyectos.

Como cada día, vamos a descubrir uno que Quim y el pueblo están llevando a cabo con mucho mimo y constancia. Hoy toca el dispensario sanitario.
Nos encaminamos hacia allí y la comitiva de niños nos acompaña. Me enorgullece saber que una parte económica de mi viaje se destina a estos proyectos.
Quim abre el dispensario y nos enseña la habitación donde descasan las parturientas. Las ventanas y las camas están a la espera de un cambio. Entregamos material y visitamos todas las estancias del dispensario.
En seis meses es impresionante el cambio que ha dado. Me emociona ver los resultados del trabajo bien hecho.
Aprendo. Caparán me da lecciones de vida. Me sacude la conciencia.
Me acerco a Quim. Lo abrazo. Bajito y al oído le doy las gracias.

Esta tarde Caparán está de fiesta. Los músicos tocan para nosotros y el pueblo danza. Nos dejamos llevar por el baibén de su baile. La energía de la danza nos atrapa. El tomtom de los jembés nos sumerge en un suave trance. Bailamos hasta que la luna, imponente, nos da las buenas noches.
Y yo sigo aquí, sentada al abrigo de mi árbol centinela. Chupando la sabia de sus raíces. No me quiero desprender de su seno. Caparán, si me lo permites, yo aquí me quedo.

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